Jueves 02 de octubre de 2008
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UD. NO SABE LO QUE ES
Por SAÚL FERNÁNDEZ
Don Quijote, cuando se reivindica aventurero, dice «Yo sé quién soy», y en esta afirmación, de hace cuatrocientos años, Unamuno vio la encarnación de la propia y castiza identidad nacional. Es decir, el rector de Salamanca aplaudió la seguridad que el caballero tenía en sí mismo, pese a estar apaleado. Y es que aquel lector de novelas de caballerías salió a la estepa con el deseo de arreglar un mundo que estaba feneciendo por la ausencia de los héroes. Aquel «Yo sé quién soy», con la mirada crítica de Unamuno, se convirtió en un versículo doble sobre las bienaventuranzas de los hombres y de las patrias. Ahora, con Alfredo Sanzol, la seguridad se ha tornado inseguridad, las banderas han sido arriadas y los palos siguen siendo palos.
Sí, pero no lo soy es una de las comedias de la temporada. Se estrenó en Madrid el pasado mes de marzo, en la sala de la Princesa del teatro María Guerrero. El Centro Dramático Nacional, que nació para dar vida al teatro contemporáneo, produjo un texto de un medio desconocido, el director de la compañía «Producciones del Callao», con una carrera a consolidar en el circuito independiente, un escritor de línea clara, una historia de personalidades difusas. Y así, con todos estos ingredientes, Sí, pero no lo soy se llevó los aplausos de la crítica y de los espectadores, que celebraron el resurgir del café teatro en una función como una esencia: una hora de diálogos y monólogos desbocados, la necesidad de encontrar el camino acertado, una obra, todo un acierto.
La obra de Sanzol es un conjunto de quince escenas que, en principio, viven de forma independiente, pero que todas juntas hacen un todo que, vestido de comedia, produce tristeza y dolor. Y es que ninguno de los personajes de Sanzol, a diferencia de don Quijote, sabe quién es, y lo peor de todo es que tampoco siente ninguno la necesidad de conocer su propia identidad. Es decir, títeres porque sí y títeres hasta el final. Sanzol inicia su comedia con una actriz de relumbrón que recibe un premio revelación, continúa por el camino de la interpretación pero enfoca hacia el deseo de ser Catwoman de un tipo al que le ofrecen el papel de Batman? Una comedia con pinceladas del teatro del absurdo (la escena de los muñecos delirantes, absolutamente delirante) y una reflexión, en consecuencia, sobre la necesidad de ser en el mundo. Y además, todo a través de cierto desconcierto, con unos diálogos ágiles y reales, sin excesos, sin tesis evidentes, aunque con un poso de dolor que tamiza una sonrisa. «Imagine el horror, déjese seducir por su lado oscuro, no sea previsible, huya de lo que ya sabe, asústese de sí mismo. Me aburre.», dice uno de los personajes de esta comedia con la que Sanzol logra el reconocimiento, la segunda parte de un tríptico que conforman Risas y destrucción y la todavía inédita Días estupendos. |